dimecres, 20 de febrer de 2013

¿QUÉ ES LA DEPENDENCIA EMOCIONAL?




“Procura no desaparecer en la personalidad de otro, sea hombre o mujer”, Scott Fitzgerald.

Hay personas que creen no valer lo suficiente y necesitan buscar su seguridad continuamente en los otros y en factores externos, sin confiar en su propio criterio y en sus recursos. Ésto es lo que se considera dependencia emocional.

"El trauma y el dolor emocional que me procuró mi última relación supuso un antes y un después en mi vida y, afortunadamente, me hizo mucho más consciente de mi necesidad de tomar, de una vez por todas, la responsabilidad de mi propia vida y de generar en mi interior la seguridad y la aprobación que he ido siempre buscando en los otros... Haberme liberado en un gran porcentaje de mi dependencia me ha convertido en una persona mucho más auténtica que se relaciona desde el amor y que elige con mucho cuidado el tipo de personas con las que quiere relacionarse. He aprendido que yo soy mi prioridad y que si yo no me respeto nadie lo hará. Respetándome he aprendido a respetar. Amándome he aprendido a amar."

La dependencia emocional se origina en la niñez. Son esos niños que no han sido amados de forma apropiada por las personas más significativas para él: sus padres, hermanos o las personas más cercanas, lo que le genera una baja autoestima. Se puede acrecentar durante el período escolar (a no ser que el niño tenga la suerte de estar rodeado de excelentes educadores) y durante la adolescencia. Ya de adulto el dependiente emocional recrea situaciones en las que asume un papel sumiso intentando siempre complacer a los demás con el fin de mantener el vínculo con los otros a toda costa y evitar así ese posible rechazo que tanto teme. 

El dependiente emocional acepta desprecios y maltrato como algo normal y tiende a sentirse atraído por personas que aparentan una gran seguridad en sí mismas y que tienen una personalidad dominante. Desafortunadamente, el dependiente emocional no ha conocido lo que es el amor entre dos personas que se respetan y se intercambian afecto, tiene dificultad en tomar las riendas de su vida y espera que aparezca esa persona especial que le hará feliz y acabará con su soledad y angustia. 

Una vez encontrada esa persona especial, la relación tiende a deteriorarse y a polarizarse: el dependiente emocional no se respeta a sí mismo ni se afirma por miedo a que la relación se rompa y, si lo hace, se siente automáticamente culpable, lo que le hace disculparse en seguida y no mantenerse en su lugar. Por un lado esta conducta le convierte en una víctima fácil del abuso de otro y, por otra, le crea un gran resentimiento contra sí mismo porque sabe que en el fondo no se está respetando. El resentimiento y la acumulación de ira no expresada, junto con los frecuentes sentimientos de culpa que acumula, son los ingredientes que alimentan su baja autoestima y su tendencia a la depresión. 

Tras una ruptura el dependiente emocional tiende a reaccionar de dos maneras: buscando desesperadamente una nueva pareja que llene el vacío de la anterior y le reafirme su valía, o aislándose completamente por temor a que le maltraten de nuevo. 

La dependencia crea un tipo de relación tóxica, a menudo, no sólo por causa del dependiente sino también por causa de la persona que elige a un dependiente como pareja y que lo necesita para llenar asimismo un vacío. Esta dinámica puede desencadenar en relaciones muy destructivas en las que las dos personas en la relación están enganchadas al otro aunque se destruyan.

La dependencia emocional tiene las mismas características que cualquier otra adicción, como las que pueda tener la dependencia a substancias psicotrópicas. Se comienza con un enorme placer en la compañía del otro, que, enseguida crea tolerancia, lo que provoca que cada vez se pueda estar menos tiempo sin la otra persona y síndrome de abstinencia, que puede ser desgarrador cuando sigue al abandono definitivo de la pareja o al alejamiento forzado de la misma.
La mayoría de los dependientes que acuden a consulta lo hacen en la fase de pánico inmediatamente anterior a ser abandonados o cuando el abandono ya ha sido consumado. Repitiendo el mismo guión una y otra vez el dependiente se da perfectamente cuenta de cuándo la historia va a terminar, siendo esto al mismo tiempo lo que más teme.

En conclusión:

El ser humano necesita de los demás, de su aprobación y de su afecto. En una relación afectiva es normal e incluso deseable tener una cierta dependencia del otro ya que esta ayudará a mantener la relación en el tiempo. El miedo y el sentimiento de culpa también son necesarios en su justa medida: nos preservan respectivamente del peligro y de cometer acciones fatales contra otros.

El problema es cuando esta dependencia y estos sentimientos son tan desproporcionados que generan en el sujeto una angustia vital tan desoladora que no le permiten ni ser él mismo ni desarrollarse y alcanzar su libertad. Por el contrario lo someten a la voluntad de los demás.

Lo importante es aprender a vivir tranquilos con nosotros mismos sin ser excesivamente dependientes de lo que piensen los demás, ver la realidad tal como es, aunque no nos guste, y tomar las riendas de nuestra vida.



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